Quiénes somos

Somos un grupo de profesionales en general y psicólogos en particular, de estudiantes, de sacerdotes, en fin, de un variado número de aficionados que con el correr de los años se ha ido ligando en el común estudio del alma humana. En algunos casos, como tarea casi inescindible del oficio elegido, en otros como simple y loable inquietud ante el misterio humano, pero en todos como genuino afán de encolumnarnos detrás de la perenne tradición de la sabiduría grecolatina y cristiana.

¿Qué hacemos?

Nos proponemos rescatar  -como reacción ante el racionalismo moderno- la savia vivificante de la tradición clásica, mostrar su vigencia y perennidad, es un afán que si no antepusiéramos como fundamentación a estos artículos faltaríamos por omisión.
Cuando decimos “clásicos” pensamos en quienes, aún en su paganismo, sembraron la semilla del Verbo, cual precursores predilectos de la Verdad completa. De modo particular, pensamos en Aristóteles. Y en quienes han sabido asumir lo mejor de ellos, bautizándolos y corrigiendo yerros si hiciera falta, principalmente el maestro común, Santo Tomás de Aquino.

¿Para qué lo hacemos?

Estamos convencidos de que la Verdad no pierde vigencia. La Verdad salva y la Verdad cura. Con tal motivo, nos proponemos en la Asociación descubrir los principios fundantes de la antropología pero también ahondar en su extensión operativa o saber práctico que es la psicología aplicada, particularmente la psicoterapia.

¿Cómo lo hacemos?

Lo hacemos convocando a todos los que tengan sed de conocimiento e investigación, a los que quieran unir esfuerzos para el rescate de una psicología realista. Mancomunando intereses y proyectos; sistematizados por el plan general de acción propuesto por la Asociación.

¿Por qué "Ecce Homo"?

Nos hemos inspirado en el relato evangélico del Viernes Santo (Juan 19, 4-5). “Ecce Homo”, y con fe decimos: Palabra de Dios. Esta afirmación surca el universo y los siglos. Y tiene la fuerza de esas expresiones que condensan en sí mismas un plan de vida, una lección teológica, una epifanía del misterio. Está en ella toda la fuerza de los símbolos y de los iconos verbales. Volvió a salir Pilato y les dijo: “Mirad, os lo traigo para que sepáis que no encuentro ningún delito en él”. Salió entonces Jesús fuera llevando la corona de espinas y el manto de púrpura. Díceles Pilato: “Aquí tenéis al hombre”.

Pilato fue un docente involuntario y esta expresión, de resonancia eterna, parece haber sido su clase magistral. Ha ratificado, sin saberlo, el plan salvífico de Dios Nuestro Señor en la Segunda Persona de la Santísima Trinidad.

Hay dos formas de decirle al mundo, gritando a los cuatro vientos:  ¡“Ecce homo”!:

Despreciando la faz desfigurada de Cristo y pisoteando su sangre, renegando de la Pasión y presentarlo a Cristo al populacho para que sea burlado. O descubriendo detrás del Rostro ultrajado del  Calvario la belleza de Dios mismo hecho Amor por nuestro bien, sabiendo que después del Viernes Santo llega el Domingo de Resurrección; proponiendo fijar la mirada en la Divina Faz sangrante para encontrar ahí la plenitud y la gloria.

“Ecce Homo”, porque en Cristo está también el hombre perfecto.

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