Newsletter Nº 6 – Junio 2021

 

Estimados amigos de Ecce Homo: 

Después de algunos meses de interrupción en las comunicaciones (debido especialmente a razones  de organización interna) retomamos este año  con nuestros informes.

Tal vez sea una buena oportunidad para volver sobre los propósitos inaugurales de la Asociación Argentina de Psicología Realista Ecce Homo: aportar lo que podamos, sumar lo que tengamos, para que la tradición que genéricamente denominamos “realista” siga vigente en el ámbito de las humanidades, en particular en las denominadas “ciencias de la salud”.

La psicología, tal como la observamos hoy, se encuentra en una doble coyuntura: por un lado, la vemos asediada por desquicios ideológicos que la desorientan y desvirtúan. Resulta difícil encontrar un corpus medianamente ordenado y coherente, que pueda convertirse en terreno propicio para posteriores desarrollos orgánicos. Pero por otro lado, cada vez se hace más patente, en el transcurrir cotidiano, la imperiosa necesidad de una propia y rigurosa “cura de almas”; alcanza con un mínimo de realismo para constatar que ansiedad, depresión, temores, dificultades vinculares, son estampas diarias de creciente frecuencia. Es decir, no hay dudas tanto del frente doctrinario como del frente terapéutico que aguarda a quienes quieran ocuparse.

Justamente, de esto mismo se siguen dos de nuestros grandes ejes: la tarea formativa (por medio de sugerencia bibliográfica, de volúmenes publicados, entrevistas, organización de congresos, planificación de futuros cursos…) y la tarea asistencial (que no consiste en nuestro caso en contar concretamente con una sede material pero sí en intentar buscar la continuidad entre los principios y la acción clínica, tan necesaria y vigente).

Para ambas tareas somos conscientes de que contamos con un legado que es preciso conocer, conservar y transmitir. Pero también estamos seguros de  que a cada tiempo se le impone la dosis de creatividad que exige la circunstancia, y para ello no caben formulismos rígidos ni esquemas preconcebidos que pretendan solucionar mágicamente todo a su paso.

Los invitamos a que conozcan nuestras actividades y proyectos, y que se sumen en carácter de socios.

Les comentamos algunas novedades:

El III Congreso de la Asociación de Psicología Realista Ecce Homo,  titulado “El Legado de Abelardo Pithod”, se realizará en el mes de Septiembre de manera presencial.

Formulario de inscripción al Congreso: 

https://docs.google.com/forms/d/1f_J3rRxMFDLdRS-SAIFiH54b8aBCWpy5wKqlsKRzD8w

Cordialmente,

Dr. Jordán Abud- Presidente

Dr. Santiago Vázquez- Vicepresidente

 

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Newsletter Nº 5 – Octubre 2020

Amigos de la Asociación Argentina de Psicología Realista “Ecce Homo”:

Seguimos trabajando desde nuestra Asociación. Les comentamos algunas novedades:
• Estamos comenzando a trabajar ya sobre los dos proyectos de investigación, comenzando a discutir las hipótesis y preparando los pasos a seguir en el 2021. Les recordamos las temáticas de ambos proyectos: el primero “Metacognición y ansiedad”, dirigido por el Licenciado Lucas Distel y con un equipo de investigación de, hasta ahora, 5 personas entre estudiantes y graduados en psicología; el segundo se titula “Palabra y catarsis”, está dirigido por el Doctor Jordán Abud y cuenta, hasta el momento, con 6 integrantes. Todos los interesados en participar de cualquiera de estos proyectos pueden comunicarse al: 3434638557.
•Los seguimos invitando a visitar nuestro sitio web donde encontrarán material bibliográfico y audiovisual sobre los temas que nos convocan, y también a nuestra Página de Facebook, donde nos podemos comunicar de modo más inmediato y donde podrán encontrar publicaciones de sobre nuestros temas de interés. Pueden buscarla como: Asociación Argentina de Psicología Realista.
•Por razones de público conocimiento oficializamos por este medio la postergación para el primer semestre del año próximo, de nuestro 3° Congreso, previsto inicialmente para el mes de noviembre en la ciudad de Paraná. Estaremos informando oportunamente acerca de los detalles de la nueva fecha.
Para el mes de noviembre hemos planeado una actividad sustituta que consideramos de gran interés y a la que los invitamos a participar. Se trata de un Ciclo de Conversaciones con el Dr. Mario Caponnetto. Haciendo uso de las tecnologías disponibles al día de hoy, el presidente y el vicepresidente de Ecce Homo dialogarán con el maestro Caponnetto sobre diversos temas de interés para nuestra condición de católicos dedicados a la psicología. Este ciclo se realizará en las siguientes fechas: 26 de Octubre (20:30hs.), 3 de Noviembre (20hs.) y 10 de Noviembre (20hs.); y se transmitirán por el Canal de Youtube Cultura Católica. Adjuntamos en imagen el temario de cada entrevista.
•Por último, dejamos a continuación el nuevo newsletter titulado “Psicología y Gracia” en el que una miembro de nuestro comité, la Dra. María Teresa Gargiulo, reflexiona sobre un tema fundamental de nuestra labor.

Quedando a disposición, saludamos cordialmente,

Dr. Jordán Abud – Presidente
Dr. Santiago Vázquez – Vicepresidente

Psicología y Gracia

Dra. María Teresa Gargiulo

 

Una psicología cristiana es aquella que reconoce a Cristo como el verdadero médico de las almas. Él es principio originario y fundante del proceso de cura del alma humana. Dicho en otros términos, la cura de las afecciones psicopatológicas tanto como la realización espiritual del hombre pueden realizarse no por las solas facultades naturales del hombre sino por éstas auxiliadas por la gracia”.  “Sin Mí nada podéis hacer” (Juan 15, 5)- dice el Señor a sus discípulos.

Una psicología cristiana y una psicoterapia que se fundamente en ella, no reconocen un ámbito de desarrollo autónomo, natural e independiente de la gracia –que hoy podríamos reconocer como el campo de las dinámicas psicológicas–. Cristo también es fuente de sanación de estas dinámicas. Los padres de la Iglesia nunca establecieron relaciones pendulares y dialécticas entre el operar de la gracia y la ascesis, entre el operar sanante del Espíritu y las leyes inmanentes de la naturaleza. La práctica de la ascesis y la cura de las pasiones están sostenidas por la misma acción de la gracia.

Tomas de Aquino recogiendo esta larga tradición patrística y comentando el citado versículo de San Juan, escribe:

Nuestras obras o son por virtud de la naturaleza o proceden de la gracia divina. Si es por virtud de la naturaleza, dado que todos los movimientos de la naturaleza son por el mismo Verbo de Dios, ninguna naturaleza que haga mover algo puede hacerlo sin el mismo Verbo de Dios. En cambio, si es por virtud de la gracia, puesto que el mismo Verbo de Dios es el autor de la gracias porque como se dijo antes, en el capítulo 1, versículo 17, la gracia y la verdad han sido hechas por Cristo, es manifiesto que sin Él ninguna obra meritoria puede ser hecha (Super Ioannem, 15, lectio 1).

Ahora bien, –y esto es importante subrayarlo–  en el seno del proyecto de construir una psicología cristiana puede coexistir el peligro de adoptar posiciones psicologicistas o espiritualistas ante la gracia. Mientras el psicologicista niega el poder transformador de la gracia, el espiritualista introduce, de un modo u otro, un operar arbitrario y cuasi-mágico en el orden de la gracia.

Frente a los modelos espiritualistas de psicoterapia que desconocen la naturaleza propia de los dinamismos del psiquismo humano y son cultores de una concepción mágica de la gracia, es necesario renovar el esfuerzo de los padres de la Iglesia –particularmente, el del primer monacato cristiano– de rechazar toda concepción mágica de la gracia. Los primeros padres estuvieron interesados en revelar las dinámicas curativas de la gracia en el operar inmanente de las partes del alma.  Así como el Tentador se vale de la dinámica psíquica del alma caída para proponer sus palabras de perdición, los padres se esforzaron en escudriñar los modos apropiados para desatar las pasiones y estructuras cognitivas que obstaculizan el obrar del Espíritu. En este sentido, reconocían la gracia como una fuerza divina específica, mas entendían que no hay contradicción alguna entre las leyes inmanentes de la naturaleza y las leyes a las que atiende la gracia.

La gracia no suspende el curso natural de las dinámicas psicológicas. Cuando la gracia opera en el alma no lo hace violentando la habitual serie causal que existe en las dinámicas de las potencias humanas. Ciertamente existen los milagros. Dios es el dueño de nuestros mundos interiores y sus caminos son insondables. Pero algo muy distinto es automatizar la acción de la gracia y concebir su acción a modo de un hechizo o encantamiento que invalida el obrar propio de las potencias del alma.

La gracia actúa en las potencias del alma humana según el orden que el mismo Creador ha inscripto en ella; aunque las dispone a un fin más alto que no es otro sino el de alcanzar la beatitud del alma. La gracia divina no opera en el alma mágicamente, es decir, según un orden arbitrario. Se adapta plenamente a la naturaleza humana y actúa en conformidad con ella, pero ciertamente según unos principios que son superiores (sobrenaturales) a ella.

Los sacerdotes que proponen los auxilios de la religión –sean los sacramentos, la oración, o las vivencias espirituales– como los auxilios exclusivos para conseguir, por ejemplo, la curación de  un neurótico, podrían estar adoptando una posición espiritualista. A título ilustrativo podríamos citar aquí el caso del sacramento de la penitencia el cual produce la gracia de la absolución y borra en el alma del penitente toda culpabilidad. Ahora bien, si la práctica de la confesión no produce el alivio y la paz interior en un escrupuloso no es porque la gracia de la confesión no haya sido eficaz sino porque existen en el neurótico estructuras de pensamiento que no le dejan posibilidad alguna de saborear la paz interior, y de reconocer que, después del perdón de Dios, ya no son culpables. Y para sanar esta herida, no es necesario que recurra a nuevas y repetidas confesiones. El fiel ya ha sido perdonado. En esta instancia es necesario reconocer, corregir y modificar una serie de dinámicas cognitivo-emocionales de carácter psíquico.

Desde los padres en adelante, la Iglesia ha procurado bautizar la ciencia profana. Lo que hay de bueno y verdadero en una ciencia se le ha presentado al cristiano, a lo largo de la historia, como una verdadera hierofanía, es decir, como “algo sagrado que se nos muestra”. Pues lo divino también se hace ostensible en el estudio racional del universo. La Divinidad ordena el cosmos según los designios de su razón. En línea con ello,  la tarea de la Asociación Ecce Homo no es sino dirigir los inmensos caudales de conocimientos filosóficos, espirituales y médicos del que es heredera la psicología moderna, al servicio del ministerio médico de Cristo. Después de todo, despreciar este conocimiento significaría ignorar el esfuerzo humano por descifrar el orden que Dios ha dispuesto en las dinámicas psíquicas para responder a los insondables designios de su gracia.

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Newsletter Nº 4 – Junio 2020

Amigos de la Asociación Argentina de Psicología Realista “Ecce Homo”:

Seguimos trabajando desde nuestra Asociación. Les comentamos algunas novedades:

  • Ya se envió a la imprenta el volumen III de la Revista “Ecce Homo”: Fundamentos de Psicoterapia. La misma estará disponible para la venta la semana próxima con un valor de $350 para los no socios, y $175 para los socios. La versión digital de la misma sigue disponible también ($250 los no socios, $125 los socios). Se puede ingresar a la página web de la Asociación para ver el índice de los diferentes tomos. Escribir al 3434638557 por encargues, o para consultar promociones.
  • Estamos llegando a la fecha pautada como límite de inscripción para participar como miembro de los equipos de investigación (20-06-20), pero hemos decidido extender la misma hasta el 31/07/20. Los interesados por favor contactarse al: 3434638557. Los dos proyectos de investigación son: “Metacognición y ansiedad”. La preocupación en el proceso metacognitivo del sujeto con TAG; y “Palabra y catarsis”. La ironía como estrategia comunicativa en el vínculo terapéutico.
  • Les contamos que tenemos una Página de Facebook, donde también nos iremos comunicando con ustedes, y realizando publicaciones de diverso tipo. Pueden buscarla para darle Me Gusta: Asociación Argentina de Psicología Realista.
  • Seguimos en preparación del 3º Congreso de la Asociación, el cual saben, tiene fecha programada para Noviembre. El eje temático como ya hemos mencionado será la figura, la obra y el pensamiento del maestro Abelardo Pithod. En el próximo newsletter podremos dar el Temario así como otros detalles del Congreso.
  • Por último, dejamos a continuación un artículo titulado “¿Libertad y Verdad?” de la Lic. Andrea Piscicelli y el Prof. Cristian Rodríguez Iglesia. Esperamos puedan disfrutarlo y les sea de provecho para el alma.

Renovando nuestro compromiso en la búsqueda de la verdad, ofrecemos nuestra tarea a Dios nuestro Señor y la encomendamos a la guía de la Santísima Virgen, Madre de la Sabiduría.

 

Cordialmente,

Dr. Jordán Abud – Presidente

Dr. Santiago Vazquez – Vicepresidente

¿Libertad y Verdad?

Lic. Andrea Piscicelli y Prof. Cristian Rodríguez Iglesias

 

Si tomamos a los hombres tal y como son, los haremos peores de lo que son.

En cambio, si los tratamos como si fuesen lo que debieran ser,

los llevaremos allí donde tienen que ser llevados

Goethe

 

Nuestro mundo está sumergido en una profunda crisis. Es una de las primeras certezas que afloran rápidamente. Y una de las situaciones más complejas se da respecto del tema de la verdad. Se afirma livianamente en cualquier conversación de “café” –y también en ciertos ámbitos académicos– que cada uno tiene “su verdad”, adaptándola sin más a los propios gustos e intereses, sin llegar a preguntarse siquiera sobre su carácter absoluto y universal.

Este relativismo de base, que enseña a elegir sólo lo que me gusta y a dejar de lado todo lo que no me gusta –como en las grandes tiendas–… este relativismo –decíamos– está clavado como un puñal en el corazón de la cultura contemporánea. Esta pseudocultura relativista, de neto corte dictatorial, ha logrado una cierta hegemonía en el Occidente que alguna vez fue cristiano. Avizoramos precisamente aquí la causa de su gran debilitamiento: una grave y mortal sangría que podría llevarlo a su desaparición.

Esta crisis en torno a la verdad, que relacionamos de modo directo con el relativismo imperante, hace fuerte impacto en todas las instituciones fundamentales de nuestra sociedad, principalmente en la familia. El gran San Juan Pablo II ha señalado, en su Exhortación Apostólica «Familiaris Consortio», que en la base de esta problemática «está muchas veces una corrupción de la idea y de la experiencia de la libertad, concebida no como la capacidad de realizar el proyecto de Dios…, sino como una fuerza autónoma de autoafirmación, no raramente contra los demás, en orden al propio bienestar egoísta» (FC 6). Se ha enfriado la caridad: no se ama a Dios sobre todas las cosas ni al prójimo como a sí mismo.

En nuestra sociedad contemporánea, quien desea ser “libre” debe procurar a toda costa aquello que provoca placer –especialmente el sensorial e inmediato–, estableciéndolo como fin y fundamento último de la vida. “Hollywood”, ese destacado “catequista del hedonismo” que despliega la misma “enseñanza” en cada nueva serie o película, es un claro ejemplo de esto. Otro tanto diremos de los grandes medios de comunicación locales, repetidores de las mismas nefandas ideas. El «amor líquido» que está de moda, concepto creado por el sociólogo polaco Zygmunt Bauman que ha captado muy bien la esencia de la posmodernidad, hace referencia precisamente a la fragilidad de las relaciones humanas en el siglo XXI. Ya no hay lugar para el amor sólido, la verdad fuerte, la libertad real. Temerosas de establecer lazos estables, las personas ya no exigen compromisos ni convicciones o certezas.

Es precisamente sobre este hombre “camaleónico”, sobreadaptado y vacío interiormente, producto de la ocasión y del vértigo de nuestro tiempo, que el famoso neurólogo, psiquiatra y filósofo austríaco Víktor Frankl –en su libro «Psicoanálisis y Existencialismo»– levanta su voz para recordarnos que «lo que tenemos que temer hoy en día, en una época de frustración existencial, no es el exigirle demasiado al hombre, sino el exigirle demasiado poco».

Esta venerable “exigencia” puede, de hecho, ayudar mucho y evitar el asedio de «la ansiosa pregunta, la atormentadora duda –dice Frankl–, de si mi vida habría tenido, en el momento de mi muerte, un sentido». Y añade: esta es el «arma más poderosa que haya tenido jamás el arsenal psicoterapéutico: la orientación del hombre al sentido y a los valores».

Sigmund Freud no era de la misma opinión. «En el momento en que uno se pregunta el sentido y el valor de la vida –escribía a Marie Bonaparte–, está uno enfermo…». Dramáticamente advertimos que el hombre y la cultura contemporánea tienen mucho de esta visión subsidiaria de Freud, que ha penetrado también en ámbitos cristianos.

La amplia experiencia de Frankl en el consultorio lo lleva a contrariar a su maestro. Afirma que «hay pacientes que acuden al psiquiatra porque dudan sobre el sentido de su vida, e incluso porque desesperan de hallar algún sentido a su vida. En ese contexto, en la logoterapia hablamos de frustración existencial. En sí y por sí misma no tiene nada de patológico». Por eso sostiene que «en adelante, lo que menos nos podemos permitir es rechazar la orientación y ordenación del hombre a algo como el sentido y los valores como “cosas que no son más que mecanismos de defensa o racionalizaciones secundarias”… Ciertamente, en casos aislados y excepcionales, detrás de la preocupación de un hombre por el sentido de su existencia se oculta alguna otra cosa, pero en todos los demás casos se trata de una solicitud genuina del hombre que debemos tomar en serio».

Lo que advierte Viktor Frankl desde la perspectiva médica es una experiencia compartida por todas las generaciones: el hombre es un buscador de la verdad. Y mejor aún: puede encontrarla, a pesar de los límites de su inteligencia. Sobre esto San Juan Pablo II ha escrito palabras muy luminosas en su magnífica Encíclica «Veritatis Splendor», aunque hemos de advertir que para muchos tal vez suenen inactuales. El hombre, dice allí el Papa Wojtyla, «debido al misterioso pecado del principio… su capacidad para conocer la verdad queda ofuscada y debilitada su voluntad para someterse a ella. Y así, abandonándose al relativismo y al excepticismo, busca una libertad ilusoria fuera de la verdad misma» (VS 1). Casi una profecía de lo que años después se daría en llamar el “pensamiento débil”, que orgullosamente le ha dicho “adiós a la verdad”, y que paradójicamente se impone a sangre y fuego desde ciertos organismos –estatales y privados– colonizados por el relativismo cultural y moral.

Por eso, es imprescindible darnos cuenta que en el conocimiento de la verdad se juega nuestro destino personal y comunitario. Y se juega también nuestra libertad, tan exaltada como pisoteada en estos tiempos. No es una quimera, o una vaporosa utopía, la posibilidad de buscar y encontrar la verdad. Ni siquiera el error o el pecado pueden descarriar al hombre de este camino, pues «no pueden eliminar en el hombre la luz de Dios Creador. Por eso, siempre permanece en lo más profundo de su corazón la nostalgia de la verdad absoluta –dice Juan Pablo II– y la sed de alcanzar la plenitud de su conocimiento. Lo prueba de modo elocuente la incansable búsqueda del hombre en todo campo o sector. Lo prueba aún más su búsqueda sobre el sentido de la vida» (VS1).

A propósito de esto, y en un sentido similar, Frankl afirma que «sólo el hombre puede hacer la pregunta por el sentido, sólo él puede cuestionar el sentido de su existencia», al mismo tiempo que «el hombre sólo se manifiesta como verdaderamente hombre cuando alza el vuelo a la dimensión de la libertad». Y para ser libres hace falta respetar la verdad del hombre. Si la verdad se falsea, también se falsea el concepto de libertad y de bien. Y si nos deslizamos por esa pendiente, caeremos –más lenta o más rápidamente– hacia una caricatura del hombre, deformada y esclavizada según los caprichos cambiantes de cada época.

El lazo entre libertad y verdad es indisoluble: o ambas permanecen juntas, o ambas mueren miserablemente. Lamentablemente «debilitar o incluso negar la dependencia de la libertad con respecto a la verdad» (VS 34) es un grave error en el que se cae con facilidad y que se encuentra muy extendido. Por eso, hay algo que no debe olvidarse jamás: «la libertad depende fundamentalmente de la verdad» (VS 34). Y tanto en la vida como en la práctica terapéutica, si no tenemos esto en cuenta fácilmente podremos desviarnos.

Como bien decía Chesterton: «A cada época la salva un pequeño puñado de hombres que tienen el coraje de ser inactuales». ¿Nos atrevemos a serlo?

 

 

 

 

 

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Newsletter Nº 3 – Marzo 2020

Amigos de la Asociación Argentina de Psicología Realista “Ecce Homo”:

Nos es grato volver a comunicarnos con todos ustedes en este nuevo año que comienza.

Seguimos trabajando en diferentes proyectos de la Asociación, que poco a poco se van concretando y que aquí compartimos con ustedes.

– En primer lugar volvemos a recordarles la posibilidad de hacerse socios de “Ecce Homo”, teniendo como principales beneficios, descuentos del 50% en nuestras publicaciones, Congresos, etc. De este modo colaboran enormemente con nuestra tarea, ya que no tenemos ingresos de ningún  otro tipo. La cuota anual seguirá siendo de $500. Por lo que los que ya son socios pueden abonar cuando lo deseen, mientras que los que quieran asociarse, deben completar el siguiente formulario: https://forms.gle/5xRYuiABfZoUaoDi9  y nos comunicaremos luego.
– Acerca de la publicación del Volumen III de nuestra revista, el cual tiene como temática en esta ocasión los “Fundamentos de Psicoterapia”, recordarles que ya está disponible en formato digital, a un precio de $125 para los socios y $250 para los no socios. Los que deseen adquirirla pueden hacerlo escribiendo a este email o al 3434638557 (Angelina).
– Es nuestro deseo poder lanzar una serie de 100 ejemplares impresos, pero no disponemos aún de los fondos suficientes, por lo que si alguno quiere comprar por anticipado el Volumen, o realizar alguna donación, apelamos a su generosidad.
– Por otro lado, les recordamos que está en marcha la preparación del 3º Congreso de nuestra Asociación. El mismo se realizará en la ciudad de Paraná, provincia de Entre Ríos, en el mes de Noviembre. El eje temático para este tercer Congreso será la figura, la obra y el pensamiento del maestro Abelardo Pithod. A medida que vayamos avanzando en la organización les comunicaremos precisiones y demás detalles.
– Les recordamos asimismo que está en vigencia nuestro sitio web: http://eccehomopsicologiarealista.com.ar/ . Allí podrán encontrar material bibliográfico y multimedia, novedades de la Asociación, un Programa de Introducción a la Psicología (para estudiantes o para quienes deseen formarse en esta ciencia), así como los Newsletters publicados hasta el momento.
– Por último, deseamos compartir con ustedes un artículo escrito por el Dr. Mario Caponnetto denominado “Felicidad y Virtud”. Esperamos le sea de gran provecho.

Saludamos cordialmente,

 

Dr. Jordán Abud – Presidente

Dr. Santiago Vazquez – Vicepresidente

 

 

Felicidad y virtud

Mario Caponnetto

 

El hombre, todo hombre, en todo tiempo, busca la felicidad. Esta búsqueda es inseparable de la condición humana. Es una verdad que nadie discute y que, además, está avalada por la experiencia tanto personal como histórica. Las dificultades aparecen a la hora de definir qué cosa sea, en realidad, esta felicidad que se busca y cuáles los caminos que nos llevan a ella.

Las dificultades se hacen aún mayores, si cabe, en el contexto de un tiempo como el nuestro signado por un doloroso exilio de la verdad y un desfondamiento espiritual del hombre. Por todos lados parecen imponerse un escepticismo radical, un relativismo agobiante, un hedonismo grosero, un nihilismo desolador, todo ello acompañado de la disolución progresiva de cuanto en otro tiempo podía considerarse un suelo medianamente firme en el que asentar la existencia.

Viktor Frankl vio como pocos esta situación del hombre y de la cultura de nuestro tiempo y acuño el concepto de “vacío existencial” para designar la consecuencia que se deriva de esta situación. Este vacío no es patológico, por cierto, porque no es una enfermedad en sentido propio sino una condición humana, pero sí puede ser patógeno, es decir, engendrar una enfermedad cuya causa no reside en ninguno de los “mecanismos” de la “psicología profunda” sino, lisa y llanamente, en la pérdida del sentido de la existencia. Y esta es la vía por la que el problema de la felicidad se cuela en nuestra tarea de psicólogos y terapeutas en general.

Pero como somos cristianos la respuesta a esta dificultad no podemos hallarla como no sea valiéndonos de las dos alas del espíritu humano para alcanzar la verdad, a saber, la razón y la fe (Fides et ratio, 1). La razón nos lleva a preguntarnos en qué consiste ser feliz; y la respuesta nos conducirá necesariamente a las páginas inmortales de la Ética Nicomaquea de Aristóteles. Allí, en las primeras líneas puede leerse esta sentencia: Todo arte y toda investigación e, igualmente, toda acción y libre elección parecen tender a algún bien; por esto se ha manifestado, con razón, que el bien es aquello hacia lo que todas las cosas tienden (Ética I, c. 1, 1094 a, 1-3).

Detengámonos en este pasaje: el Filósofo nos dice que el bien es el objeto de todo lo que el hombre hace (el arte o el hacer técnico y la investigación que es el camino que lleva a la ciencia), pero es también el objeto de todas sus acciones y elecciones. El bien, por tanto, está en el horizonte del hombre y de su mundo.

Ha de tenerse en cuenta, además, que en el particular contexto histórico y filosófico en el que se inscribe la Ética aristotélica, la noción de bien se vincula con la idea de fin, tomado como ultimidad pero también como consumación o plenitud de algo. En este marco, hay un bien que tiene razón de bien último y de plenitud de la existencia humana; y es este bien el que coincide con la felicidad. El hombre plenamente feliz será, en consecuencia, aquel que alcance ese bien final o supremo.

Pero, las preguntas siguen: ¿cuál es ese bien?, o ¿cuál de entre la multitud de bienes que se ofrecen a nuestra voluntad o apetencia es el que puede ser llamado con propiedad último y sumo bien y, por ende, felicidad? A lo largo de su Ética Aristóteles se dedica a dilucidar esta cuestión central. Acude para ello a una relación esencial: el bien mayor, el máximo y sumo bien, el único que puede saciar toda aspiración humana y más allá del cual nada puede ya desear el hombre tiene que ser un bien congruente con la naturaleza humana: y puesto que tal naturaleza no es otra que la de un intelecto encarnado -el zoon logikós, el viviente espiritual- el único bien posible de saciar semejante naturaleza no puede ser otro que la contemplación de la verdad, y no de una verdad cualquiera sino de una verdad que sea el principio y fundamento de toda verdad. Así el Estagirita nos propone como felicidad humana la eudaimonía, es decir, la contemplación de la verdad. La vida feliz, la vida dichosa, es la del sabio que busca, conoce y contempla la verdad. Todo otro bien, el del cuerpo, el del alma, el bien deleitable, el bien útil, sólo adquiere sentido pleno cuando se orienta y se ordena al bien supremo.

En los siglos cristianos, Tomás de Aquino seguirá la vía de Aristóteles. Sólo que, ahora, la Fe completa el cometido de la razón: aquella eudaimonía, intrahistórica, intramundana del Filósofo se hace bienaventuranza cristiana, la beatitudo, que se consuma no en esta vida sino en la patria pero que ya incoativamente está presente ahora, en vía, en camino. Sólo en Dios reside la felicidad humana: aquí en la tierra en tanto se la busca; allá, en la patria, cuando se consume en la visión beatífica.

En tanto psicólogos o terapeutas cristianos no podemos perder de vista esta verdad fundamental. Por cierto no es el fin propio y específico de nuestra tarea llevar a los hombres a la felicidad eterna; tampoco asegurarles la felicidad terrena: una y otra son obras de la libertad humana auxiliada por la gracia. Pero si perdemos de vista este hecho, decisivo, de que el hombre está llamado a un fin que lo trasciende, no lograremos nunca alcanzar una adecuada comprensión ni de su naturaleza ni de su destino. Estaremos a ciegas, incluso, ante la misma patología que es el primer presupuesto de nuestra actuación. He aquí, por tanto, la respuesta a la pregunta por la felicidad.

Hay otra dificultad que se suma a la anterior. En el marco de la cultura contemporánea a la que hicimos referencia más arriba, se plantea si la virtud no es algo que se opone a la felicidad. La virtud es vista como un límite o una coacción incompatible con lo felicidad. Volvamos a Aristóteles. Para el Filósofo la virtud no es otra cosa que un hábito, una cualidad, que nos inclina a obrar bien, esto es, a buscar la verdadera felicidad. Es que la felicidad la deseamos por naturaleza pero sin la virtud ese deseo natural no podría alcanzarse. De ahí que se afirme: “La vida feliz, por otra parte, se considera que es la vida conforme a la virtud” (Ética Nicomaquea, X, c. 61177 a, 1-3). Y más adelante: “Si la felicidad es una actividad de acuerdo con la virtud, es razonable que sea una actividad de acuerdo con la virtud más excelsa, y ésta será una actividad de la parte mejor del hombre. Ya sea, pues, el intelecto ya otra cosa lo que, por naturaleza, parece mandar y dirigir y poseer el conocimiento de los objetos nobles y divinos, siendo esto mismo divino o la parte más divina que hay en nosotros, su actividad de acuerdo con la virtud propia será la felicidad perfecta. Y esta actividad es contemplativa, como ya hemos dicho” (Ética Nicomaquea X, c. 7, 1177 a, 11-20).

La felicidad no es un hábito sino una acción; y como toda acción humana reconoce como principios las potencias naturales y éstas, a su vez, revestidas de los hábitos virtuosos. La felicidad es, pues, una operación según la virtud; y dado que la felicidad es la acción más alta a ella corresponde la virtud más alta. Comentando precisamente estos pasos de la Ética aristotélica, Tomás de Aquino afirma: “Conforme con lo dicho, es necesario que la perfecta felicidad sea la operación de lo mejor según la virtud que le es propia. En efecto, solo puede ser perfecta la operación que se requiere para la felicidad, la operación de la potencia perfecta por el hábito que es su virtud y por la cual la operación se hace buena” (Sententia Libri Ethicorum X, lectio 10, n. 6).

Lejos de oponerse, felicidad y virtud se requieren recíprocamente.

Quizás, en una primera mirada, toda esta especulación parezca ajena o alejada de la tarea del psicólogo. En efecto, nuestros pacientes angustiados no necesitan una lección de filosofía: requieren la pericia técnica y la palabra oportuna. La primera nos la da el arte. Pero la posibilidad de la segunda no proviene del arte sino de cuán capaces seamos de entender al hombre, su drama y su misterio.

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Newsletter Nº 2 – Octubre 2019

Amigos de la Asociación Argentina de Psicología Realista Ecce Homo:

En el marco de la temática “La psicología y el hombre moderno”, sobre la que nos hemos propuesto reflexionar durante este primer período de nuestros informes bimensuales, en esta ocasión pondremos a consideración una reflexión acerca de la sexualidad a la luz del concepto antropológico de “asunción eminente”. Lo haremos a modo de homenaje al maestro y referente de nuestra Asociación, Dr. Abelardo Pithod, quien en el pasado mes de junio emprendió su regreso a la Casa del Padre.

Pero antes de presentar nuestra reflexión compartimos con ustedes las siguientes novedades referentes a las actividades de nuestra Asociación, recordándoles que pueden sumarse activamente a nuestra labor apostólica escribiéndonos o consultándonos por este medio:

•Seguimos  poniendo a punto nuestro nuevo sitio web: http://eccehomopsicologiarealista.com.ar/ . Allí se podrá visualizar el presente boletín junto a noticias de relevancia acerca de novedades editoriales o tareas a realizar por parte de la Asociación. Como novedad del sitio hemos agregado un Programa de Introducción a la Psicología, destinado a estudiantes o todo aquel que quiera iniciarse en los estudios de la ciencia del alma.

•Otra de las novedades es que hemos comenzado a realizar las adhesiones societarias. Haciéndose socios recibirán descuentos en las publicaciones de la Asociación, así como en las inscripciones a los Congresos (50%), y estarán ayudando a solventar los fondos para las diferentes actividades que realizamos. La cuota es anual ($500). Pueden asociarse haciendo clic aquí.

• En las próximas semanas publicaremos el Volumen III de la Revista de la Asociación Argentina de Psicología Realista Ecce Homo. Con gran alegría comunicamos que la misma ya posee ISSN, lo que le brinda mayor visibilidad a nivel científico y académico. Este tercer volumen se editará de manera digital. Quienes estén interesados en adquirirla pueden escribir al e-mail asociacioneccehomo@gmail.com o al teléfono 3434638557.

•En breve daremos a conocer la fecha y temática del 3º Congreso de Psicología Realista, que realizaremos en la ciudad de Paraná, Entre Ríos, el próximo año.

Nuevamente ofrecemos esta tarea a Nuestra Madre Santísima, Sede de la Sabiduría, y pedimos oraciones a cada uno de ustedes por los frutos de esta labor apostólica.

Les saludamos cordialmente en Xto.

Dr. Jordán Abud – Presidente

Dr. Santiago Vazquez – Vicepresidente

La sexualidad a la luz del concepto de “asunción eminente”

A modo de homenaje a Abelardo Pithod

El pasado 19 de junio emprendió su regreso a la casa del Padre, el gran autor católico que fue Abelardo Pithod. Dejó tras de sí una obra de valor incalculable, tanto por su riqueza y amplitud temáticas cuanto por el espíritu que invariablemente la animó: el de un amor insobornable a la verdad.

Lúcido, valiente, culto, erudito, sereno y punzante en sus juicios y análisis, Pithod cubrió, en psicología, casi todos los campos: clínica, educacional, organizacional, social. Su mirada, siempre filosófica, ha dado una claridad única en psicología. También incursionó en los campos de la doctrina social y la literatura con jugosos ensayos y con una excepcional novela llamada “Ante las puertas” que atestigua la enorme prueba de fe que significó para un grupo de amigos, la terrible crisis social y eclesiástica que se desencadenó allá por los años 60.

Su centro de gravitación fue siempre la psicología a la que se aproximó y se introdujo de lleno, siempre desde la mirada sapiencial del saber filosófico, aristotélico y tomista para más señas. Esto le permitió surcar el mar del saber humanístico en general (y psicológico en particular) del siglo XX, con la serenidad del navegante en posesión de una brújula segura y precisa. Tal labor redundó en una obra pletórica de intuiciones y desarrollos conceptuales de enorme valor para la psicología realista.

Por estas y otras razones, Ecce Homo tiene en Abelardo Pithod un autor de referencia obligada. De este modo, este segundo informe pretende brindar un homenaje al filósofo mendocino reflexionando en torno a una profunda idea que él planteara originalmente en algunas de sus obras, y que puede ayudarnos a visualizar, con nueva luz, la temática general que durante este año nos hemos propuesto abordar en estos informes de Ecce Homo, a saber, “La psicología y el hombre moderno”.

En la visión antropológica que Pithod ofrece en sus obras más filosóficas (una visión que, por lo demás, se trasluce en sus obras más “empíricas”) hay un concepto sobre el que se insiste una y otra vez: el de asunción eminente. La profunda significación de este concepto y el modo en que da clara cuenta de la naturaleza “bio-psico-espiritual” del hombre, justifican esa insistencia y es precisamente esta insistencia uno de los grandes méritos de la visión antropológica de Pithod. En efecto, pocos conceptos surgidos de la reflexión antropológica de cuño tomista, resultan tan esclarecedores y tan importantes para la psicología como este de la asunción eminente. Los fenómenos típicamente humanos –desde las perversiones más graves hasta las conmociones estéticas más profundas pasando por las conductas condicionadas socialmente– encuentran a la luz de este concepto una intelegibilidad única.

En esta ocasión queremos detenernos en el abordaje que realiza Pithod del fenómeno humano de la sexualidad y la explicación de su actual desorden a la luz del concepto de asunción eminente. Que la animalidad en el hombre sea asumida perfectivamente por la racionalidad y que esta forma superior –en tanto especificante de la naturaleza humana– contenga de una manera eminente (más alta) las cualidades propias de la animalidad, como nos enseñó Pithod[1], explica –con profunda y calibrada perspectiva antropológica– tanto la hipersexualización del hombre posmoderno cuanto la misma posibilidad de la “bienaventuranza animal” a la que ese hombre se ha entregado. “Tened cuidado –decía François Mauriac, el literato francés que se adentró como pocos en este drama del hombre tironeado y ganado por apetitos inferiores que exigen sin embargo una satisfacción superior– de que los sentidos no usurpen los derechos del corazón y del espíritu, y reclamen también una satisfacción infinita”[2]. Pues bien, esta usurpación es posible en el hombre por ser éste lo que es: espíritu encarnado.

El impulso sexual, presente también en los animales, posee en el hombre –por estar asumido eminentemente por un alma espiritual, es decir, por estar metafísicamente abierto hacia arriba, indeterminado no en cuanto a su objeto específico y proporcionado sino en cuanto a su sitio y su espacio dentro de la sinfonía espiritual que debe orquestar la inteligencia (supremo director) en el concierto que debe ser la existencia– un apetito de cuasi infinitud, “apetito que, librado a sí mismo, lleva a la insatisfacción y al hastío, pues lo inferior por sí solo no puede alcanzar lo que anhela y que solo prefigura”[3].

El espíritu “transfiere al sexo una pretensión que el sexo no puede satisfacer”[4] ¿Por qué se la transfiere? Porque el sexo constituye la sensación corpórea más intensa y vehemente que, en cuanto tal, se irradia a la persona entera haciendo que “el sexo se ligue de espíritu”[5]. El espíritu insufla así al sexo “aspiraciones de infinito [prometiendo] más de lo que puede dar”[6]. El espíritu no es ajeno a la conmoción del alma entera que genera el sexo; el problema es el significado que para el espíritu adquiere esa conmoción: el espíritu puede elegir vivir de esa conmoción queriendo o creyendo (con la consiguiente decepción y hartazgo) hallar en ella (por la “tensa y abismal ilusión” que genera) lo que él anhela; o hacer de ella (de la conmoción), mediante la virtud de la pureza, el epifenómeno, no exento de un goce legítimo y limpio, de una fusión espiritual que enmarca, que configura, que transfigura y que lleva a su plenitud al sexo.

Cuando los sentidos usurpan los derechos del espíritu, como decía Mauriac, es porque el espíritu cabalga sobre esa sensación voluptuosa creyendo –o queriendo creer– engañosamente hallar en ella esa posesión extática del ser que no deja nunca de anhelar y que encuentra en el sexo su remedo terrestre. Refiriéndose a la gula –tan emparentada con la lujuria– Marechal contraponía los gordos terrestres a los gordos celestes: los primeros devoran, con sus jamás ociosas dentaduras, “toda la creación en su aspecto visible y masticable”; los segundos, en cambio, hacen lo propio con “toda la creación inteligible”[7].

He aquí entonces la animalización del espíritu. Una animalización que no es, sin embargo, transubstanciación: el espíritu no deja de ser lo que es y yerra, hasta la desesperación, el camino hacia su propio anhelo. Mejor que ninguna otra sensación, el sexo simula, en el goce efímero y voluptuoso que hace por un momento abandonarse completamente en el presente, la dulzura extática del espíritu en posesión de su objeto; justamente porque el sexo está llamado a ser una manifestación que completa la fusión por el amor de dos seres que son espíritus encarnados hechos para el amor y para la unión trascendente con el objeto del amor. El sexo promete una dulzura extática de la que es solo una lejana imagen y como una prefiguración.

El Padre Petit de Murat posee un texto en íntima conexión con la idea que estamos profundizando: “El hombre y el ser no se unen únicamente en el campo del puro conocimiento: su pasión propia y distintiva es también por el ser (al cual, en este caso, lo llamamos el bien, lo bueno); tanto que, cuando aquél se derrama en las cosas breves de la carne y de la tierra no cesa de buscar un más que desgarra la apocada medida de los sentidos y los apetitos sensibles. La peculiar intensidad, por ejemplo, con que dicha descarga apetitiva se arroja sobre la mujer, se debe a la mayor semejanza de la acción sexual con la posesión óntica; el hombre que vierte el caudal de su alma en ese cauce no queda en los términos concretos de la epidermis y órganos, de suyo anónimos, que realmente poseyó; lo hace bajo la tensa y abismal ilusión de que va a poseer a Clara, esto es, a la persona total, a la naturaleza humana viviente y concreta que el nombre de Clara significa”[8]. Extraordinario texto que dimensiona adecuadamente la importancia y el alcance de la idea que Pithod nos ha transmitido al reflexionar –sostenido firmemente en un hilemorfismo masticado y rumiado largamente– sobre la sexualidad.

Digamos, para ir concluyendo, que esta idea que, de la mano del autor mendocino, hemos planteado aquí, explica diversos fenómenos característicos de la actualidad. La hipersexualización hodierna consiste precisamente en hacer radicar en el sexo una dicha que él no puede otorgar. Hay, como fenómeno consecuente, una especie de “espiritualización” perversa de los reclamos provenientes de la zona instintiva. Cuando, parapetados en presuntos valores de libertad e igualdad, ciertos grupos luchan por la “ampliación de derechos”, lo que hacen, en rigor, es bautizar éticamente la búsqueda de la “bienaventuranza animal” de que hablara Santo Tomás. Se hace del deseo de obtener el mejor orgasmo sin que existan impedimentos de ninguna especie, una especie de cruzada ética del siglo XXI dando así a ese deseo rango de imperativo categórico y a su satisfacción inmediata de garantía de vivencia plena de la libertad humana.

Pero esto precisamente se explica a la luz de este descalabro que el impulso sexual puede generar en el hombre en tanto espíritu encarnado. Al hacer consistir su dicha en el sexo, el hombre “inyecta” a éste –en tanto su búsqueda es ineluctablemente espiritual– una aspiración que se transforma en voraz, que lo desborda absolutamente y que resulta la condición de posibilidad de las perversiones que a diario se verifican pues el impulso sexual se enloquece, se excede, y requiere cada vez más “sofisticación” para verse “satisfecho”. También la aparición y el uso extendidísimo de medicamentos que optimizan el “rendimiento sexual” cuando ya el impulso, por un proceso natural, se ha atenuado, se explica a la luz de la idea que venimos profundizando. En efecto, al quedarse sin deseo sexual el hombre pierde la fuente de la pequeña dicha a la que consagró sus desvelos. El camino será entonces resucitar, despertar y excitar artificialmente ese deseo a fin de recuperar esa pequeña y miserable felicidad a la que el espíritu brutalizado y desesperado se habituó.

Como vemos, la idea que nos dejó planteada Abelardo Pithod resulta original y profundamente esclarecedora. Reflexionar sobre ella es el modo en que desde Ecce Homo queremos brindar un cálido homenaje a quien ha sido y es para nosotros un maestro y un referente seguro. La tarea que queda pendiente es continuar recogiendo su herencia siguiendo el ejemplo de sinceridad y entrega en la búsqueda, testimonio y defensa de la verdad que nos diera el filósofo mendocino. Mientras tanto elevamos una oración por el maestro Abelardo con la seguridad de que el buen Dios ya lo estará recompensando por haber peleado el buen combate, terminado la carrera y conservado la fe.

Santiago Hernán Vazquez

_________________________________

[1] Abelardo Pithod, El alma y su cuerpo (Grupo Editor Latinoamericano: Buenos Aires 1994), p. 192.

[2] François Mauriac, La toga pretexta, en: Obras Completas (Ediciones Castilla: Madrid 1953), p. 61

[3] Abelardo Pithod, Psicología y ética de la conducta (Dunken: Buenos Aires 2006), p. 139.

[4] Abelardo Pithod, El alma, op. cit., p. 205.

[5] Ibid., p. 206.

[6] Ibid.

[7] Leopoldo Marechal, Obra Poética (Leviatán: Buenos Aires 2014), p. 324. Poema “Didáctica de la Patria”.

[8] Fr. Mario José Petit de Murat, Especificación de la metafísica (Pascual Viejobueno: Tucumán, 2004), p.9.  Versión digital en: http://www.traditio-op.org/biblioteca/Petit/Especificacion_de_la_Metafisica,_Fray_Mario_Petit_de_Murat_OP.pdf

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Programa de Introducción a la Psicología

Programa de Introducción a la Psicología

El Programa de Introducción a la Psicología está destinado principalmente a estudiantes de Psicología, pero también a todo aquel que quiera adentrarse en el estudio de la ciencia del alma.

UNIDAD 1: Filosofía y ciencia.

1.1. Los hábitos intelectuales.
1.2. Ciencia: método y objeto.
1.3. El orden de las ciencias.
1.4. Teología, filosofía, psicología, psicoterapia.
1.5. El problema epistemológico de la psicología.
1.6. El objeto de la psicología.
1.7. Las diversas corrientes psicológicas.
1.8. La ciencia en la modernidad: características.

Bibliografía:

  • Artigas, Mariano. (1989). Filosofía de la ciencia experimental. Pamplona: Ediciones Universidad de Navarra.
  • Brie, Roberto. (1997). Los hábitos del pensamiento riguroso. Buenos Aires: Ediciones del Viejo Aljibe.
  • Caponnetto, M; Abud, J; Alonso, E. (2016). ¿Qué es la psicología?. Buenos Aires: Gladius.
  • Chalmers, Alan. (2000). ¿Qué es esa cosa llamada ciencia?. Buenos Aires: Siglo XXI.
  • Pithod, Abelardo. (1994). Cap. I. Fenomenología del hecho psíquico. El alma y su cuerpo. Buenos Aires: Grupo editor latinoamericano.
  • Pithod, Abelardo. (1994). Cap. IX. La vida, la vivencia y el viviente. El problema del objeto de la psicología. El alma y su cuerpo. Buenos Aires: Grupo editor latinoamericano.
  • Sanguinetti, Juan José. (1980). La filosofía de la ciencia según Santo Tomás. Pamplona: Eunsa.
  • Sanguinetti, Juan José. (1991). “Ciencia aristotélica y ciencia moderna”. EdUCA: Buenos Aires.

 

UNIDAD 2:  Filosofía de la naturaleza y elementos de metafísica.

2.1. La teoría de la participación de los seres.
2.2. El ser viviente y sus grados.
2.3. Conceptos metafísicos: sustancia y accidente, acto y potencia, materia y forma.
2.4. Composición hilemórfica: la realidad psicosomática.

Bibliografía:

  • Aristóteles. (1983). De Anima. Buenos Aires: Fundación Arché.
  • Casaubón, Juan Alfredo. (1999). Nociones generales de lógica y filosofía. Buenos Aires: EdUCA.
  • Castellani, Leonardo. (1951). Elementos de metafísica. Buenos Aires: D.A.L.I.A.

 

UNIDAD 3: Antropología realista y  psicología.

3.1. El Creador y la criatura.
3.2. El hombre como microcosmos.
3.3. El hombre como criatura fronteriza.
3.4. El alma y su cuerpo: composición hilemórfica. Teoría de la asunción eminente.
3.5. El alma y sus potencias como principios de las operaciones del viviente: actos y objeto.
3.6. El hilemorfismo ante la enfermdedad.
3.7. Actos humanos y actos del hombre.
3.8. Bestialismos y angelismos. Empirismo y racionalismo. Exponentes en psicología.

Bibliografía:

  • Blanco, Guillermo. (2002). Curso de Antropología Filosófica. Buenos Aires: EdUCA.
  • Caponnetto, Mario. (1992). El hombre y la medicina. Buenos Aires: Scholástica.
  • Pithod, Abelardo. (1994). El alma y su cuerpo. Buenos Aires: Grupo Editor Latinoamericano.

 

UNIDAD 4: Gnoseología.

4.1. El proceso de conocimiento.
4.2. Los sentidos externos.
4.3. Los sentidos internos.
4.4. Sensación.
4.5. Imaginación.
4.6. Memoria. Importancia en relación a la formación de la personalidad.
4.7. El proceso perceptivo.

Bibliografía:

  • Brennan, Robert. (1959). Psicología Tomista. Barcelona: Editorial Científico Médica.
  • Genta, Jordán. (1966). Curso de psicología. Buenos Aires: Huemul.
  • Pieper, Josef. (1974). El descubrimiento de la realidad. Madrid: Rialp.
  • Velazco Suarez, Carlos. (1974). La actividad imaginativa en psicoterapia. Buenos Aires: Eudeba.

 

UNIDAD 5: Apetito.

5.1. Apetito sensible.
5.2. Las pasiones.
5.3. Afectos, sentimientos, instinto.
5.4. Represión, sublimación, asunción, orden.
5.5. Afectividad y espiritualidad.

Bibliografía:

  • Castellani, Leonardo. (1995). Lecciones sobre Psicología humana. Buenos Aires: Jauja.
  • Fuentes, Miguel Ángel. Pbro. (2007). Educar los afectos. San Rafael: EdIVE.
  • Pithod, Abelardo. (1994). El alma y su cuerpo. Buenos Aires: Grupo Editor Latinoamericano.
  • Von Hildebrand, Dietrich. (1997). El corazón. Madrid: Ediciones Palabra.

 

UNIDAD 6: Las potencias superiores.

6.1. La inteligencia.
6.2. Razón e intelecto (intuición).
6.3. Intelecto agente e intelecto posible.
6.4. Las operaciones de la inteligencia: concepto, juicio y razonamiento.
6.5. Inteligencia y cogitativa.
6.6. La voluntad.
6.7. La libertad.

Bibliografía:

  • Citada anteriormente.

 

UNIDAD 7: Lenguaje.

7.1. El lenguaje y la inteligencia.
7.2. El verbo interno.
7.3. La palabra como sonido y sentido.
7.4. El lenguaje y la comunicación.
7.5. Desnaturalizaciones de la palabra.

Bibliografía:

  • Étienne, Gilson. (1974). Lingüística y filosofía. Madrid: Gredos.
  • Genta, Jordán. (1966). Curso de psicología. Buenos Aires: Huemul.
  • Derisi, Octavio. (1986). La palabra. Buenos Aires: Emecé.

 

UNIDAD 8: Conciencia.

8.1. Conciencia e inconciencia.
8.2. Fenomenología de lo inconciente.
8.3. Lo inconciente: sentidos.
8.4. La subconciencia y los hábitos.

Bibliografía:

  • Citada anteriormente.
  • Castellani, Leonardo. (1995). Lecciones sobre Psicología humana. Buenos Aires: Jauja.
  • Genta, Jordán. (1966). Curso de psicología. Buenos Aires: Huemul.
  • Pithod, Abelardo. (1994). El alma y su cuerpo. Buenos Aires: Grupo Editor Latinoamericano.

 

UNIDAD 9: Hábitos.

9.1. Hábitos. Noción general.
9.2. Hábito y adaptación.
9.3. Formación y corrupción del hábito.
9.4. Diversidad de los hábitos.
9.5. Hábito y moralidad.

Bibliografía:

  • Citada anteriormente.

 

UNIDAD 10: La personalidad y sus bases sociales.

10.1. La matriz sociocultural.
10.2. El hombre como ser social.
10.3. Temperamento, carácter y personalidad.
10.4. La memoria y la personalidad.
10.5. Papel de la cultura en la formación de la personalidad.

Bibliografía:

  • Fuentes, Miguel A. Pbro. (2011). El examen particular de conciencia y el defecto dominante. Colección Virtus N°1. San Rafael: EdIVE.
  • Genta, Jordán. (1966). Curso de psicología. Buenos Aires: Huemul.
  • Pithod, Abelardo. (1994). El alma y su cuerpo. Buenos Aires: Grupo Editor Latinoamericano.

 

UNIDAD 11: Patología.

11.1. Noción general de patología.
11.2. Psicopatología, ¿qué es?
11.3. Noción de naturaleza.
11.4. Noción de salud.

Bibliografía:

  • Laín Entralgo, Pedro. (1968). El estado de enfermedad. Madrid: Moneda y Crédito.

 

UNIDAD 12: Psicología y moral.

12.1. Patología y pecado.
12.2. Determinismo, condicionamiento, libertad.
12.3. La psicología ante la Gracia.

Bibliografía:

  • Bless, H. (1966). Pastoral psiquiátrica. Madrid: Razón y fe.
  • Frankl, Víktor. (1994). El hombre incondicionado. El hombre doliente. Barcelona: Herder.
  • Laín Entralgo, Pedro. (1961). Enfermedad y pecado. Barcelona: Toray.
  • Basso. Los fundamentos de la moral.
  • Basso. (2009). Trágica rebeldía humana e inefable clemencia divina. (sobre el pecado y la gracia). Buenos Aires: EdUCA.
  • Schaller, J-P (1956) Sacerdote, médico y enfermo. Madrid: Razón y fe
  • Schaller, J-P (1960) Dirección espiritual y medicina moderna. Salamanca: Ed. Sígueme

 

UNIDAD 13: Psicoterapia.

13.1. Objeto de la psicoterapia.
13.2. La psicoterapia como arte.
13.3. La psicoterapia como técnica.
13.4. El fin y los medios en psicoterapia.

Bibliografía:

  • Jaspers, Karl. (1959). Esencia y crítica de la psicoterapia. Buenos Aires: Ed. Fabril.
  • Maritain, Jacques. (1961). La responsabilidad del artista. Buenos Aires: Emecé.

 

UNIDAD 14: Sexualidad.

14.1. Sexualidad: nociones previas.
14.2. Sexualidad y persona humana. Identidad y diferencia. Sexo y sexualidad.
14.3. La sexualidad ante el compuesto. Cuerpo y Corporalidad.
14.4. Sexualidad y grados de ser. Pulsión, instinto, pasión, sentimiento. La ascensión del amor.
14.5. La sexualidad y lo espiritual.

Bibliografía:

  • Anatrella, Tony. (1990). El sexo olvidado. Cantabria: Sal Terrae.
  • Choza, Jacinto. (1978). Analítica de la sexualidad. Pamplona: Eunsa.
  • Dalbiez, Roland. (1987). El método psicoanalítico y la doctrina freudiana. Buenos Aires: Club de Lectores.
  • Scola, Angelo. (1989). Identidad y Diferencia. Madrid: Encuentro Ediciones.
  • Torelló, Joan Baptista. (1996). Psicología abierta. Madrid: Rialp.

 

 

Bibliografía sugerida.

  • Pithod, Abelardo. (1994). El alma y su cuerpo. Buenos Aires: Grupo Editor Latinoamericano.
  • Casaubón, Juan Alfredo. (1999). Nociones generales de lógica y filosofía. Buenos Aires: EdUCA.
  • Castellani, Leonardo. (1951). Elementos de metafísica. Buenos Aires: D.A.L.I.A.
  • Brennan, Robert. (1959). Psicología Tomista. Barcelona: Editorial Científico Médica.
  • Genta, Jordán. (1966). Curso de psicología. Buenos Aires: Huemul.
  • Basso. Los fundamentos de la moral.
  • Collin, E. (1950). Manual de filosofía tomista. Tomo I. Barcelona: Gili.

 

 

 

 

 

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Newsletter Nº 1 – Julio 2019

Amigos de la Asociación Argentina de Psicología Realista “Ecce Homo”:
Con renovado entusiasmo reiniciamos nuestra tarea y lo hacemos con la novedad de este nuevo formato que, a partir de ahora, utilizaremos para permanecer en contacto con todos ustedes.
En este último período, nuestra Asociación ha realizado algunas actividades de relevancia que compartimos a continuación:

  • Hemos subido a este sitio abundante material bibliográfico y audiovisual acerca de temas de psicología realista que todos podrán descargar en la sección de biblioteca y multimedia.
  • Durante el mes de abril del 2018 realizamos en la Universidad de FASTA de Mar del Plata, nuestro segundo congreso titulado “Fundamentos de Psicoterapia”.
  • Las ponencias presentadas en este congreso conforman el volumen III de nuestra revista, el cual se halla en la última etapa del proceso de edición. Tanto este último volumen como los dos anteriores de nuestra revista, podrán descargarse desde este sitio web.

Con el deseo de que esta nueva etapa de nuestra Asociación fortalezca y profundice nuestro compromiso en la búsqueda de la verdad, ofrecemos nuestra tarea a Dios nuestro Señor y la encomendamos a la guía segura de nuestro común maestro, santo Tomás de Aquino.

 

Cordialmente,

Dr. Jordán Abud – Presidente

Dr. Santiago Vazquez – Vicepresidente

 

La angustia del hombre moderno

 

Jordán Abud

Ciertamente podríamos -y en rigor, ´deberíamos`- preguntarnos, para empezar, por el alcance de la noción de ´angustia´. Porque se imponen desde el inicio distinciones necesarias Una cosa es la angustia emparentada con la depresión como entidad psicopatológica, otra cierta angustia existencial -tal vez un poco más difícil de precisar-, y otra la angustia entendida como tristeza espiritual por la ausencia de aquellos bienes propiamente humanos.

Muchas veces, la discusión académica acabaría en mejor puerto si se mantuviera, por un lado, el hábito de la definición; y por otro, este de la distinción (que, justamente, suele cabalgar sobre el sentido analógico de algunos términos).

No distinguiremos aquí -aunque bien valga hacerlo- este trasfondo analógico de la tristeza. Sólo diremos que existe un sentido ceñido de la angustia en tanto particular afección del ánimo. Por eso Santo Tomás de Aquino coloca a la angustia como a una de las cuatro especies de la tristeza en el tratado que dedica a las pasiones del alma en la Summa Theologiae. Y existen, por otro lado, sentidos específicos de la angustia que merecen la atención de la psicología y la psicopatología.

Simplemente tracemos un perfil fenomenológico del hombre moderno que -como primera observación- podríamos decir que, aunque no quiera aceptarlo, es un ser profundamente angustiado. La angustia lo atraviesa, lo hiere y lo desquicia. Pero, sumidos en la fiebre del inmanentismo, ni ve ni acepta este “llamado” que la naturaleza humana le hace. El hombre moderno convive con la tristeza pero se resiste a llamarla por su nombre. Entonces, es un
ser asomado permanentemente al abismo de la desesperación pero ha decidido taparse los ojos y simular que recorre verdes praderas.

¿Y por qué? Porque aquellas cosas que lo han empujado lenta y progresivamente al umbral de la nada, son justamente las que le prometieron lo contrario: felicidad, plenitud y saciedad. ¿Qué cosas? Pues el relativismo en la vida de la inteligencia, el hedonismo en materia moral y el antropocentrismo como cosmovisión.

El hombre moderno corre y se agita, pero nunca alcanza lo que busca. Así, vive triste porque vive desilusionado. Y a esto, que lo toma como un castigo, debería entenderlo como el inicio de la cura (salir de la ilusión).

No es casual que en la actualidad dos padecimientos clínicos tan llamativamente frecuentes como mezclados en el paciente sean la angustia y la ansiedad, con todos sus síntomas colaterales. A este hombre lo amordaza la opresión pero tal vez no haya optado por dejarse morir en un triste lecho, sino por la euforia y las contorsiones, el vértigo y los alaridos, que en nada modifican la misma enfermedad terminal.

El vértigo de la modernidad está transido de desesperación. Alcanza como muestra una simple mirada a nuestro alrededor y a las propuestas de ´escape´ cada vez más compulsivas. Ante esto, sólo le queda ir subiendo la dosis de excitación. Por aquí, creemos, pasa el germen autodestructivo de la diversión moderna cuando consiste esencialmente en eso: huir de la angustia. Sucede como con el opiáceo para el dolor: si no se busca la causa del daño, será necesario ir subiendo el umbral.

¿No será tiempo de aceptar que el hombre moderno le pide a las cosas lo que ellas no pueden dar? Al relativismo solidez, al hedonismo gozo duradero, al antropocentrismo firmeza humilde y serena.

La rebelión de lo inferior es pedirle eternidad a la materia. Salvando las diferencias, podríamos compararlo con un organismo que necesitando imperiosamente de una dieta repleta en vitaminas, siga ingiriendo sólo ´comida chatarra´. Si el cuerpo no recibe lo necesario, en algún momento se impondrán las consecuencias. Si el alma no recibe lo necesario, ella también tiene sus termómetros indicativos del estado febril. Sólo hay que saber leerlos.

Pero el hombre moderno sigue corriendo. Y la categoría física y metafísica a la que aspira -hoy convertida en todo un ideal de vida- es la de ´ser divertido´. Estar, en toda hora y circunstancia, a tiempo y a destiempo, vertido para afuera. El mejor amigo es aquel con quien esencialmente me divierto, la Santa Misa debe ser divertida como imperativo litúrgico último, un libro es bueno si logra divertirme…

Se trata en suma de no volver nunca sobre sí, con suicida superficialidad, y convivir con este vacío como una enfermedad terminal, pero creyendo que por cerrar los ojos, la realidad no estará ahí, esperando, reclamando.

Por esta compulsión a divertirse -tan distante de la profundidad y tan emparentado con el hedonismo-, el hombre moderno se observa. Pero se observa en el peor de los sentidos. No vuelve sobre sí, sino que vuelve y se regodea en sus sentimientos. Está atento a ellos independientemente del objeto causante, lo cual es una forma privilegiada de atrofiar la afectividad. No sabe bien de qué, pero enseguida reconoce si está triste o si está contento.

Por eso, su vida no es un peregrinaje sino una carrera, casi diríamos una escapada vertiginosa. Y ese vértigo lo instala en un terreno de angustia. ¿Cómo puede sentirse quien está cierto que viene de la nada y hacia ella marcha, por más que en el medio haya un
poco de ruido?

Puesto el hombre como medida de todas las cosas, ¿cómo no van a escasear así las razones para vivir?

En fin, el hombre moderno -como pasa siempre en el pecado- sólo se ha quedado con aquellas cosas que tanto deseaba. Y eso se ha convertido en su más duro castigo.

Sin embargo, a no asustarse, la angustia -y volvemos a su sentido amplio, básico, analógico- no siempre tiene en su raíz este mal. La angustia es como la fiebre, un síntoma de nuestra fragilidad. Pero la fragilidad, como límite, también tiene diversas fuentes. Y es posible dar con su misteriosa fecundidad. La angustia que nace de “aquello infinito contenido en algo finito” como recordaba el querido Castellani es, tal vez, esa noche oscura por la que debamos pasar para renacer a la Luz. Por eso, dice Grossouw[1] que “nada hay más fatal que confundir la genuina experiencia del numen tremendum con una angustia infantil o patológica”. Es más, algunos llegan a decir que “la vida espiritual y moral son posibles únicamente cuando existe un mínimo de angustia” (E. de Greef[2]). Cuidemos entonces no equiparar apresuradamente angustia con enfermedad.

Terminemos, pues, con estas breves líneas. Nos recuerda Caponnetto[3] que “si bien la angustia es un mal, ella puede por eso mismo, para el cristiano, ser asumida y transformada por la acción de la gracia hasta ser convertida en servidora del bien”.

Entonces sólo nos resta pedir que nuestras angustias se sumerjan y transfiguren en la angustia del Cristo lacerado, en soledad y sangrante. En el Ecce Homo del Monte de los Olivos. Sólo así seremos capaces de soltar las lágrimas con una sonrisa y dejar sangrar el corazón con los ojos levantados hacia el Cielo. Porque creemos en la Resurrección.


[1] La angustia en la Biblia

[2] Psicología y Psicopatología de la angustia.

[3] Angustia neurótica, angustia existencial e inquietud cristiana.

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